NYFW SS26: los grandes aciertos y los tropiezos de la pasarela

Cada temporada, la Semana de la Moda de Nueva York nos recuerda que la pasarela es un teatro de contrastes: hay colecciones que emocionan, que rompen moldes; y otras que apenas sobreviven al aplauso de cortesía. La edición SS26 no fue la excepción. Hubo momentos de sobresaliente creatividad que levantaron el ánimo de los críticos, y también tropiezos visibles que muestran tensiones profundas dentro de la moda contemporánea.

Los hits de la semana 

Coach
Stuart Vevers, director creativo de Coach, presentó una de las colecciones más comentadas. Mezcló la estética urbana con códigos de trabajo clásico, piezas desgastadas (“worn workwear”), pantalones baggy, chaquetas cortas de mezclilla, cuero envejecido, detalles de patchwork y accesorios emblemáticos como los bolsos tipo Kisslock. Vogue.


Un punto fuerte: la colección se sintió auténtica, no forzada. El cowboy urbano, el gritty leather, la nostalgia, pero con un giro pulido. Coach también se destacó en accesorios: mini bolsos, collares tipo “wallet-as-necklace”, hardware vintage, carteras pequeñas con cierres clásicos, todo lo cual reforzó su identidad sin parecer copia de sí mismos.

Khaite
Otra marca que brilló por coherencia, calidad y estética. En un momento en que el minimalismo parecía desgastado, Khaite respondió mostrando que quiet luxury —lujo silencioso— aún tiene cabida. Tonos neutros, cortes limpios, siluetas suaves, la atención al detalle y materiales de alta gama. Los compradores lo reconocieron como “usable pero deseable”. Vogue Business.

Ralph Lauren
Con su SS26, Ralph Lauren volvió a sus códigos clásicos, con simplicidad, buen sastre, detalles pulidos y un toque de color que rompía la paleta neutra de manera refrescante. El equilibrio entre lo familiar y lo aspiracional hizo que muchos críticos lo consideraran uno de los “seguros” de la temporada. Elle.

Foto: Luca Zanoni//LAUNCHMETRICS SPOTLIGHT

Michael Kors
Se mantuvo como referente del estilo elegante, pero cómodo. Su colección demostró que la estética elegante y con clase no necesita ser ostentosa para destacar. Sastrería suelta, telas suaves, proporciones relajadas, y uso de materiales de calidad. Fue el tipo de show que hace que la ropa de pasarela tenga posibilidad real de convertirse en ropa de tienda, en ventas.

Proenza Schouler / Rachel Scott
Rachel Scott, al asumir responsabilidades creativas en Proenza Schouler, presentó una colección con el sello de lo experimental, pero con coherencia: tejidos texturizados, detalles artesanales, bordes que se deshacen de manera intencional (“soft undoing”) y un aire de irremediable modernidad que muchos esperaban. Fue una de las apuestas más interesantes en términos de riesgo controlado.

Lo que no alcanzó

Uniformidad neutra exagerada
Una de las críticas más frecuentes fue la dominación de tonos neutrales: negro, blanco, beige, grises. Si bien marcas como Khaite y Ralph Lauren lo emplearon con elegancia, otras marcas abusaron de esta paleta hasta el punto de perder personalidad o de sentirse anodinas. El riesgo: parecer colección de “fondo de armario” en lugar de decir algo. Vogue Business

Revival noventero sin reinterpretación
La nostalgia noventera fue un leitmotiv en muchas pasarelas: pantalones baggy, plaid, camisetas gráficas, jeans destruidos. Algunas colecciones aprovecharon bien este revival, pero en demasiados casos la nostalgia pareció adoptar la forma de copia literal, sin aportar novedad, sin contexto propio ni historia detrás. Ese es el “miss” que genera expectativa visual pero no deja huella.

Poca diversidad de discurso y riesgo político reducido
Muchos shows eligieron no “mojarse”. Frente a un mundo cargado de crisis climática, desigualdad, tensiones políticas, se vio una reticencia general: pocos compromisos reales, pocos mensajes claros, pocas colecciones que asuman responsabilidad más allá del diseño estético. Esa moderación parece venir de la presión económica, de la necesidad de vender, pero también del miedo a que la moda se vuelva demasiado polémica y pierda rentabilidad. Vogue Business

Desigualdad en la experiencia de marca
Mientras marcas consolidadas tenían producción, narrativa visual, acceso a materiales premium, creatividad y medios, las emergentes enfrentan costos logísticos, producción limitada, menor visibilidad. Algunas de estas marcas terminaron pareciendo menos pulidas y menos capaces de aprovechar el espacio de NYFW al máximo. El contraste fue claro. Vogue Business

Lo que diferencia realmente un hit de un miss no es solo lo que se ve en pasarela, sino la coherencia entre discurso y estética. Un desfile puede ser visualmente atractivo, pero si no dice algo del presente —o si simplemente recicla imágenes de décadas pasadas—, corre el riesgo de ser efímero.

Coach, por ejemplo, no solo recordó lo vintage: lo incorporó al presente. Usó materiales reciclados, trabajo con deadstock, y accesorios con historia, pero los combinó con prendas reconocibles, funcionales, pensadas para un público real que no quiere solo ver, sino usar. Esa mezcla entre nostalgia + practicidad + autenticidad es lo que lo convirtió en hit.

En cambio, algunos “revivals” noventeros fueron demasiado cómodos: copiar cortes, plaid y baggy sin reinterpretar siluetas ni proponer una visión distinta dejó varias colecciones en tierra de nadie. Parecían muestras de moda rápida conceptual, sin pulso con lo que el público vive o demanda.

Dos fuerzas pesan sobre NYFW y moldean estos aciertos y errores:

  1. Economía & costos crecientes
    Producción, materiales, transporte e incluso la logística de shows (escenografía, modelos, maquillaje) están más caros. Muchas marcas priorizan “wearability” —que la ropa pueda venderse de inmediato— sobre el riesgo radical de experimentación. Los compradores necesitan piezas que se vendan, no solo ideas brillantes. Vogue Business
  2. Demanda de autenticidad vs. nostalgia
    El público quiere nostalgia, sí; pero no nostalgia vacía. Quiere autenticidad, identidad, diversidad, reconocimiento de culturas subrepresentadas, respeto por el pasado sin explotarlo. Esa demanda está empujando a marcas que logran contar algo real detrás de la estética a destacarse.

NYFW SS26 fue una temporada de claroscuros. Hubo diseños que impactaron, marcas que reafirmaron por qué su voz importa, y momentos que despertaron inspiración real. Pero también hubo espacio para el déjà vu, la repetición cómoda y la falta de riesgo emocional o político.

La moda no puede contentarse con replicar lo que funcionó en los 90 o lo que vendió ayer. Tiene que mirar hacia adelante, hablar de lo que somos ahora: nuestra crisis climática, nuestras identidades múltiples, nuestras contradicciones. Un desfile puede ser bello, pero para ser memorable, debe ser también necesario.

Porque un hit en moda no es solo algo que quieras comprar; es algo que te hace pensar, sentir y cuestionar. Y un miss no se olvida solo porque no fue bonito, sino porque no aportó nada nuevo.

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