La moda ha sido históricamente un espejo del contexto social, político y económico. Pero ¿y si también fuera un oráculo? ¿Y si bastara con mirar el largo de las faldas o el tamaño de los tacones en las pasarelas —o en las calles— para anticipar una recesión o un boom financiero? Esta idea, que a primera vista suena frívola, ha sido objeto de estudio y especulación desde hace décadas. Y aunque no se trata de una ciencia exacta, los patrones están ahí, listos para leerse, si se tiene el ojo entrenado y la mirada crítica.
El “Hemline Index”: cuando las faldas suben, la bolsa también
En 1926, el economista George Taylor propuso el Índice del largo de la falda (Hemline Index), una teoría que sugería que en tiempos de bonanza económica las mujeres usaban faldas más cortas (como en los locos años 20), mientras que en tiempos de recesión estas se alargaban. Aunque nunca fue una regla fija, el índice coincidió con patrones históricos sorprendentes:
En los años 20, con una economía en expansión y el auge del jazz, aparecieron las flappers con faldas por encima de la rodilla.
Tras el crack del 29 y durante la Gran Depresión, las siluetas se volvieron más conservadoras y los dobladillos bajaron.
En los 60 y 70, con la bonanza del posguerra, llegó la minifalda de Mary Quant como símbolo de emancipación y optimismo económico.
Aunque hoy la diversidad de estilos hace más difícil trazar líneas tan claras, las correlaciones siguen presentes.
El “High Heel Index”: más alto el tacón, peor la economía
Una teoría más reciente, acuñada por economistas y reforzada por el Bank of America en informes internos, es el Índice del tacón alto (High Heel Index). La hipótesis dice que en tiempos de crisis, los tacones tienden a ser más altos. ¿Por qué? Según Trevor Davis, ex analista de IBM, cuando las mujeres se sienten inseguras por la economía, optan por una moda más extravagante o “escapista”, y los tacones extremos son parte de esa compensación simbólica.

Ejemplos:
Tras el 11 de septiembre, los tacones aguja volvieron a la pasarela con fuerza.
En la crisis financiera de 2008, diseñadores como Christian Louboutin y Alexander McQueen presentaron plataformas excesivas.
Mientras que durante momentos de estabilidad, como los años dorados de los 90, dominaron los tacones bajos, sandalias planas y hasta las ballerinas.
¿Qué está diciendo la moda hoy?
La moda de 2024–2025 está dividida entre dos pulsos contradictorios: por un lado, la vuelta al lujo ostentoso, visible en los metales, brillos, logomanía y siluetas maximalistas de firmas como Balmain, Versace o Dolce & Gabbana; por otro, un minimalismo funcional, representado en el “quiet luxury” o “lujo silencioso” de marcas como The Row, Totême o Lemaire. Y sí, los tacones extremos han regresado, pero también las sandalias planas.
En cuanto al largo de las faldas, hay una convivencia entre microfaldas (como las de Miu Miu) y el regreso del largo midi y maxi, especialmente en colecciones que evocan nostalgia o recato postpandemia.
¿Significa esto que estamos en una encrucijada económica?
Posiblemente sí.
Datos duros y señales de alerta
El FMI ha advertido sobre una posible desaceleración global para 2025, marcada por el estancamiento de economías emergentes y los efectos de la guerra en Ucrania y las tensiones geopolíticas en Asia.
El precio del petróleo se ha vuelto volátil y la inflación ha regresado a niveles preocupantes en varios países latinoamericanos.
En Colombia, el crecimiento económico proyectado para 2025 es de apenas 1.5% (DANE), y se espera una disminución en la inversión extranjera directa.
En este contexto, la moda —como dispositivo cultural— parece reflejar el desconcierto. No hay un único estilo dominante, sino una fragmentación entre deseo de evasión y necesidad de sobriedad.
La moda como barómetro emocional y económico
No se trata de asumir que el largo de la falda sustituye al análisis macroeconómico, ni que los tacones puedan anticipar una crisis financiera con la precisión de un modelo del Banco Mundial. Pero sí podemos decir que la moda capta lo intangible: el clima emocional de una sociedad.
Cuando las calles se llenan de brillo y plataformas, tal vez no sea sólo por tendencia, sino porque —como en los años más duros del siglo pasado— estamos buscando elevarnos, aunque sea simbólicamente, por encima de la incertidumbre.
Si eso no es economía, ¿entonces qué lo es?
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