Mob Wife Aesthetic: glamour de excesos o romantización de la violencia

Nunca creí que vería en el feed de TikTok un abrigo de piel sintética combinar con tacones altísimos y collares dorados XXL, todo con la dignidad de una reina mafiosa. Pero ahí está: la tendencia mob wife aesthetic se impone como el nuevo maximalismo. Es teatral, escénica, excesiva. Y por supuesto, peligrosa.

Esta estética rescata pieles sintéticas voluminosas, estampados llamativos, labios rojos intensos y joyas que tiemblan ante la luz. Se vende como poder femenino, como lujo audaz. Harper’s Bazaar lo describe como “el péndulo que regresa desde el minimalismo limpio hacia lo ostentoso” Harper’s BAZAAR. Una reacción al “clean girl aesthetic” que ha reinado los últimos años.

Sin embargo, detrás del brillo se esconde una narrativa romántica: la mujer que brilla gracias al hombre poderoso, el capricho del capo, la “esposa decorativa” que acompaña al jefe. Es una versión glamorosa del machismo. Como apunta un usuario de Reddit, muchas mujeres en familias mafiosas usaban maquillaje pesado para disimular moretones: “el heavy foundation… partially evolved to hide black eyes or facial bruising”. Reddit.

¿Por qué celebrar algo que, en muchos relatos reales, implicaba vulnerabilidad, miedo y control?

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Crítica poco hecha: el estatus vía violencia

La tendencia no sólo revive fantasías mafiosas, sino que ensalza la ostentación ligada al poder masculino. La imagen del capo rico, rodeado de mujeres lujosas, autos caros y mansiones, se convierte en un ideal aspiracional. En eso hay una dosis de nostalgia perversa.

En Colombia tenemos un territorio abonado para ese tipo de estéticas. La “narco-estética” ha sido documentada como una estética ornamental y desproporcionada que muchos adoptan para mostrar estatus, sello de éxito ganado vía medios ilegales Nueva Sociedad. La gente que quiere “verse poderosa” lo hace con relojes, joyas, pieles y autos lujosos, a menudo ignorando el costo humano de ese poder.

Foto: inlikefinn.com/ Pinterest

Cuando una joven en Medellín o Bogotá ve a una influencer lucir el estilo mafioso sin cuestionamiento, puede interiorizar: “el lujo vale incluso si viene de la sombra”. Es un paso silencioso del estilo a la sumisión simbólica: “mujer linda que no moleste, que sólo acompañe el poder”. Y eso nos retrotrae al rol histórico que las mujeres han combatido durante décadas en Colombia, donde la violencia machista y el patriarcado han sido tan reales como los lujos de los narcos.

¿Y si es solo moda?

Claro, podría argumentarse: “es solo una estética, una fantasía, un disfraz de Instagram”. Pero decirlo así es omitir que las modas construyen imaginarios sociales. No vivimos en una caja de cristal: los símbolos nos atraviesan. Cuando cientos adoptan un estilo glamoroso que evoca inmensos recursos y poder violento, no solo es estética, es propaganda simbólica.

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Pensarlo en Colombia es inevitable: durante los 90 y 2000, la mujer mediática vinculada al narco (hablamos de novias, acompañantes, esposas de capos, etc.) fue convertida en mito glamoroso. Las portadas mostraban cuerpos voluptuosos, joyas que brillaban y escotes exagerados, generando ideales de éxito y belleza ligados al crimen. Ese legado persiste hoy como “arquetipo aspiracional” velado en moda viral. Estudios sobre la publicidad y la imagen femenina en la Colombia de los 90 han documentado cómo ese discurso visual erotizó el cuerpo femenino en medio del conflicto narco que ha vivido el país. SciELO Argentina.

Por ejemplo, la publicidad de revistas exaltaba bustos exagerados, cuerpos esculpidos y mujeres complacientes, un guión que replicaba la narrativa del dinero, el poder y la subordinación femenina. No es coincidencia que muchas de esas mujeres hayan sido vistas como “adornos” del poder masculino, no como sujetos autónomos.

Un llamado para quienes crean y consumen

No digo que nadie que vista esta estética sea culpable de algo profundo. Pero sí pido responsabilidad estética. Las influencers que promueven el estilo mafioso deben reconocer que se adhieren a símbolos cargados. No es suficiente mostrar joyas doradas si no cuestionamos lo que representan.

Diseñadores, medios, creadores de contenido: tienen poder al legitimar o cuestionar estos discursos. Mostrar una prenda es elegir qué narrativa visual es válida. ¿Romanticismo de poder violento? ¿O reinvención crítica del exceso?

Ya sea como lector@ o consumidor@: pregúntate: ¿por qué siento fascinación por ese abrigo suntuoso? ¿Qué historia estoy normalizando al verlo? Porque el lujo no es neutral. Y la moda que no hace preguntas, repite guiones que ya sabemos son peligrosos.

La mob wife aesthetic es tendencia, pero no debe ser bandera. Que el glamour no nos ciegue: lo que brilló en pasarela también puede tener sombra. Y en Colombia, esa sombra es pesada, histórica y persistente.

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