El reciente segundo puesto de Isabella Pérez en el DaLang Cup 2025, una de las plataformas más prestigiosas del diseño emergente en Asia, no es simplemente una victoria individual: es un síntoma de que la moda latinoamericana está rompiendo geografías y comenzando a hablar un lenguaje global, sin perder sus raíces. Su colección “Innovación Ancestral” le permitió destacarse en un certamen que no solo exige creatividad, sino también pertinencia cultural y conciencia medioambiental. Pero mientras la propuesta de Pérez deslumbra por su narrativa, no está exenta de tensiones que vale la pena explorar.
Una carrera que teje oriente y occidente
Isabella Pérez, nacida en Colombia pero con una infancia compartida entre China y su país natal, ha construido una carrera que desde sus inicios ha buscado amalgamar esos dos mundos. Lo suyo no es la típica interpretación folclórica de la tradición; es una lectura que intenta ser crítica y propositiva. Su manejo de materiales como el yute, la rafia y el algodón crudo se siente honesto y deliberado, no como un simple gesto estético de “sostenibilidad de pasarela”, sino como una metodología de diseño consciente.
Sin embargo, es importante preguntarnos: ¿hasta qué punto la exaltación de las técnicas ancestrales —en su intento por ser globalmente atractivas— corren el riesgo de convertirse en una exotización sofisticada? El equilibrio entre homenaje y apropiación sigue siendo un terreno delicado, especialmente cuando se busca resonar en audiencias foráneas.
La colección presentada en China es, sin duda, uno de los trabajos más sólidos de Pérez. Su diálogo entre la estructura occidental y las técnicas orientales no es casualidad: es el resultado de años de observación intercultural. Su visión es provocadora porque no se limita a reproducir siluetas; desarma la idea del “vestido correcto” y propone nuevas arquitecturas para el cuerpo femenino.
El uso de materiales ecológicos y la reutilización de prendas son puntos fuertes que conectan con las demandas urgentes de la industria. No obstante, cabe preguntarse: ¿cuánta de esa sostenibilidad sobrevivirá cuando sus diseños sean comercializados a gran escala? La moda tiene memoria corta cuando la ética compite con las cifras.
El reto de consolidarse
Lo que Pérez ha conseguido con “Innovación Ancestral” es admirable, pero su mayor desafío apenas comienza. Ganar visibilidad en Asia abre puertas, pero también genera expectativas que pueden presionar a simplificar su narrativa para que sea fácilmente consumible por el mercado internacional.
¿Podrá Isabella mantener su visión crítica y su compromiso artesanal cuando entren en juego las dinámicas comerciales de mayor volumen? ¿Podrá resistir la tentación de convertir la “ancestralidad” en un adorno vendible?

Isabella Pérez no es una promesa: ya es una realidad con lenguaje propio. Su mirada híbrida, su rigor material y su sensibilidad para reinterpretar lo ancestral sin caer en lo obvio la posicionan como una de las diseñadoras colombianas más interesantes de su generación. Pero su verdadero legado dependerá de su capacidad para defender esa complejidad sin ceder ante la presión del mercado que —paradójicamente— suele pedir innovación, pero recompensa la repetición.
El DaLang Cup la ha proyectado, pero es en la tensión entre el discurso y la práctica donde sabremos si Isabella Pérez será simplemente una diseñadora premiada o una voz que transforme la industria.
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