Eleonora Morales: pionera de la moda circular, contradicciones y alcance real

Eleonora Morales es una de las figuras más reconocidas de la moda sostenible en Colombia. Fundadora de Garage Sale by EM y colaboradora de Vogue Latinoamérica, ha impulsado la reutilización como forma estética, ética y de consumo consciente. Sin embargo, a medida que su voz se amplifica, también lo hacen las preguntas sobre cómo su mensaje se traduce en acción real y cómo se alinea con quienes pretende servir.

Lo más destacado de su aporte

  • Garage Sale by EM: eventos itinerantes que venden prendas de segunda mano con curaduría rigurosa, limpieza y reparación profesional. Han logrado tasas de venta de 90–95 % en Bogotá y Medellín, transformando closets en ingresos y moda circular tangible.
  • Lux by EM: línea dedicada a la reventa de stock muerto de diseñadores, permitiendo que piezas de lujo sean más accesibles en el mercado local 
  • Educación en moda sostenible: ha participado en foros como Expo Circular Caribe, promoviendo la reutilización como forma de consumo consciente y mostrando que “no hay nada más sostenible que lo que ya existe”.

Frente a si es coherente con su mensaje, no hay cifras públicas exactas sobre lo que Eleonora Morales gasta anualmente, pero varias pistas permiten inferir un patrón:

  • Inició vendiendo su propio closet tras acumular ropa de marca a lo largo de su carrera. Esto sugiere que su consumo nuevo podría ser limitado y compensado con compras de segunda mano o donaciones 
  • Por el tipo de propuestas que dirige, es probable que destine parte de su gasto a ropa de stock muerto de diseñadores, es decir, prendas con alto valor que reingresan al mercado bajo su curaduría.

Este modelo indica que predomina la compra de segunda mano o piezas de lujo remanentes, más que las compras convencionales. En contraste, los consumidores colombianos gastan un promedio de US $150 por año en moda, es decir unos 600.000 COP anuales, alrededor de 68.000 COP al mes, pero no porque inviertan sino porque la ropa subió de precio tras la pandemia del 2020, la recuperación económica del 2021 y 2022 y la fluctuación inflacionaria del 2023, en palabras simples, les toca pagar más caro por lo mismo.

Foto: cortesía Eleonora Morales vía Instagram

Pese a su trabajo, encuentro una contradicción cultural. Eleonora promueve la reutilización consciente, pero su modelo se centra en un público de clase media-alta que, en la mayoría de los casos, puede comprar moda de diseñador, lo que implica una falta de comunicación con comunidades campesinas o estratos populares, donde la moda circular sigue siendo tabú. Además, como muchas (por no decir casi todas) de las prendas que vende no tienen etiquetas, las personas que le compran no pueden saber ni el origen ni los materiales de la prenda que están adquiriendo. Entonces queda la duda sobre si eso es fast fashion de segunda vendido a precios de primera o si en realidad es una prenda que por su origen, confección, materiales y carga simbólica tiene ese valor, mismo que ella promueve y que a la larga es el atractivo que adquieren las prendas usadas.

Ahora bien, su labor destaca la curaduría desde closets urbanos, pero rara vez involucra directamente a artesanos regionales, perdiendo la oportunidad de generar impacto socio-cultural. 

Otra cosa que encuentro es que aunque fue pionera en lanzar NFTs y piezas digitales de moda en Colombia y su inmersión en estos y el metaverso pueda sentirse sofisticada, realmente se percibe desconectada del consumidor colombiano típico, que en la actualidad, puede que valore más reutilizar una prenda tangible que poseer una versión digital coleccionable. Sin negar que en el país ya existe un mercado de moda virtual.

Comparación con otras líderes locales

Si la comparamos con figuras consolidadas de la moda colombiana como Silvia Tcherassi, la diferencia en enfoque y profundidad es evidente. Tcherassi ha construido una marca global que integra diseño, producción e identidad cultural con una narrativa coherente y sofisticada. Su reconocimiento internacional —incluida la Orden de las Artes y las Letras de Francia— respalda una propuesta que no solo viste, sino que representa una visión de país exportable y sólida.

Adriana Santacruz, por su parte, ha desarrollado una labor comprometida con las técnicas ancestrales indígenas, generando un impacto directo en comunidades artesanas del sur de Colombia. Su trabajo articula diseño contemporáneo con herencia textil, y ha sido reconocido por su defensa del patrimonio cultural a través de procesos colaborativos y sostenibles que van más allá del discurso estético.

Foto: cortesía Eleonora Morales vía Instagram

Frente a estas trayectorias, la labor de Eleonora Morales resulta más mediática y conceptual. Su fortaleza está en la comunicación de ideas sobre sostenibilidad, la creación de contenido atractivo y la construcción de una comunidad en torno al consumo responsable. Sin embargo, su propuesta carece, por ahora, de un vínculo tangible con los saberes artesanales del país o con procesos productivos que generen transformación social desde el diseño. Lo suyo se mueve más en el plano editorial, visual y aspiracional que en el de la manufactura profunda.

Su colección Tokyo 24/7 es un ejemplo claro de este enfoque: piezas de producción limitada inspiradas en la estética urbana japonesa, con nombres como el Shinjuku Dress, que evocan una narrativa global desde lo local. Aunque las prendas son producidas en Colombia, no se evidencian conexiones con técnicas artesanales ni materiales tradicionales del país. El valor está en la experiencia curatorial y estilística más que en el arraigo cultural. Así, Morales propone una moda consciente en el consumo, pero todavía distanciada de una identidad de diseño colombiano con base comunitaria o artesanal.

Eleonora Morales en Vogue Latinoamérica: moda circular con visibilidad, pero sin profundidad editorial

Eleonora Morales, ícono de moda colombiana según los Premios al Talento y la Moda Colombiana organizados por la Cámara de la Moda Vallecaucana, ha sido colaboradora de Vogue Latinoamérica desde 2023, escribiendo sobre moda circular y uso consciente del vestuario. Sus artículos han generado visibilidad para la reutilización responsable, pero también revelan límites editorialmente significativos en cuanto a alcance, contexto y profundidad.

En su texto “La nueva propuesta de consumo de segunda mano en Colombia, Morales narra con entusiasmo cómo Garage Sale by EM nació al curar su propio armario, convirtiéndose en un movimiento urbano de moda sostenible. Su relato invita al lector a ver la segunda mano no como residuos, sino como tesoros escondidos que esperan una nueva vida.

Su estilo combina anécdotas personales con consejos de consumo consciente, haciendo que el mensaje sea accesible incluso para quienes no están familiarizados con la moda circular. El enfoque comunica positividad y empodera: “darle vida a una prenda que estaba muerta”, dice ella, transformando el consumo en conciencia estética.

Sin embargo, el artículo se centra en experiencias urbanas en Bogotá, sin incluir historias de zonas rurales o prácticas culturales tradicionales de reutilización de otras partes del país, que podrían enriquecer el contexto del texto.

Aunque Morales menciona la importancia de reutilizar ropa, no presenta datos sobre reducción de residuos o ahorro de agua o energía. No incluye entrevistas con expertos académicos o estudios que respalden la eficacia del modelo circular que promueve.

Además, no se discuten desafíos estructurales: quién recolecta, repara y limpia las prendas, bajo qué condiciones laborales, ni si el modelo beneficia a comunidades vulnerables o simplemente refleja consumo de clase alta.

Para poder darle más peso a sus palabras, ella podría hacer entrevistas con artesanos, recolectores urbanos o cooperativas textiles, que muestran el consumo circular como práctica comunitaria y no solo como moda urbana.

Foto: cortesía Eleonora Morales vía Instagram

Además, podría añadir estadísticas sobre impacto ambiental, reciclaje textil y reducción de residuos en Colombia. Tener comparativas internacionales o estudios de caso que contrasten estructuras de moda circular global con la realidad local y apuntarle a un enfoque en comunidades regionales donde reutilizar ropa no es lujo, sino necesidad cultural e histórica.

Entonces podemos ver que Eleonora Morales ha sido clave para visibilizar la moda sostenible en Colombia: ha enseñado que la fijación por lo nuevo es prescindible, y que el estilo puede nacer del reciclaje y la reutilización. No obstante, su narrativa choca con una desconexión cultural: vende una moda circular aspiracional que aún no logra tocar transversalmente a toda la sociedad colombiana.

Si bien es válido construir moda desde el closet y desde la conciencia digital, el desafío real está en crear puentes con comunidades, artesanos, diseñadores regionales y un público más amplio. Ahí es donde figuras como Tcherassi o Santacruz han construido un legado más sólido y profundo, además de estético, pero sin dejar de lado que también tienen pros, contras, críticas y cuestionamientos.

En resumen: Eleonora Morales marca un camino interesante, pero queda por recorrer el trecho que conecta sus ideas con la moda real que vive y transita todos los días en Colombia.

2 comentarios en “Eleonora Morales: pionera de la moda circular, contradicciones y alcance real”

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