Conservadurismo juvenil en redes: el auge de “tradwife” y estética de lujo ostentoso

En los últimos años, hemos sido testigos del resurgimiento de discursos conservadores juveniles que se visten como estéticas aspiracionales. Términos como “feminidad tradicional”, “stay-at-home girlfriend” o “tradwife aesthetic” han ganado terreno en TikTok, Instagram y otras plataformas. Pero detrás del glamour hay algo más hondo: un cambio simbólico en cómo muchas jóvenes conciben su rol y aspiraciones sociales.

Estética + discurso: moda que habla

Las cuentas de tradwife promueven la idea de que la mujer ideal reside en el hogar, dedicada al cuidado, sin ambición pública. En redes sociales, estas cuentas muestran contenido donde la mujer cocina, decora, atiende a su “esposo proveedor”, todo con estética impecable. Tal contenido ha explotado en popularidad durante la pandemia y en los últimos años, cuando muchas personas cercanas al hogar buscaron refugio estético en lo “tradicional” como forma de estabilidad emocional. Media Diversity Institute

Lo peligroso es que este discurso va acompañado de símbolos visuales: joyas doradas, brillos excesivos  y la falsa creencia de que la dependencia económica es una aspiración. Lo anterior, va de la mano con el mob wife aesthetic, ambos glorifican la ostentación y olvidan sus orígenes violentos. En su lectura superficial, parece moda; en su lectura profunda, es un retorno simbólico al rol de la mujer como adorno del poder masculino. Esa estética es una cebolla de capas donde cada capa oculta un ideal de dependencia.

Una investigación sobre TikTok encontró que las comunidades tradwife promueven activamente roles de género tradicionales, oponiéndose a la idea de que las mujeres puedan balancear trabajo y familia, y promoviendo la dependencia financiera a un hombre proveedor. Phys.org

Pero… ¿Por qué gana fuerza este fenómeno?

Incertidumbre económica y emocional. En tiempos de crisis y estrés, altos costos de vida, desempleo juvenil, inseguridad, muchos buscan refugio simbólico en discursos que prometen orden, seguridad y una fórmula clara de vida. En ese contexto, los roles tradicionales vuelven a aparecer como una “respuesta emocional”, más que racional, al caos. La nostalgia no es solo estética; se vuelve consuelo.

Necesidad de pertenencia. Las redes sociales amplifican las micro-comunidades. Si eres joven, insegura sobre tu futuro, con poca dirección profesional, un mensaje que dice “vuelve al hogar y todo tendrá sentido” puede ser atractivo. Esa comunidad “tradwife” puede ofrecer sentido de identidad, comunidad y propósito emocional.

El motor TikTok. TikTok potencia estéticas visuales. Los algoritmos favorecen contenido estéticamente atractivo, con frases emocionales, música nostálgica o visual deslumbrante. Eso hace que el contenido tradwife sea viral: estética, aspiracional, narrado como “una opción romántica de vida”. Pero muchas veces esa narrativa oculta ideología antifeminista. The Washington Post

Crédito: cortesía @naraazizasmith vía TikTok

Camino visual hacia el poder. El lujo ostentoso en estas cuentas no es casual: los símbolos de riqueza (oro, bienes, joyas) actúan como equivalentes visuales del poder. En Colombia, donde el narco, el poder micro-local y las distinciones de clase son visibles, esas imágenes conectan con una memoria estética de autoridad. Cuando una joven ve a alguien luciendo ostentación, puede inferir que “para ser vista, debes brillar”.

Sin embargo, pocos se atreven a decir lo obvio: estas redes no solo validan roles femeninos limitados, sino que estetizan una versión de autoridad masculina. Cuando la mujer como “esposa tradicional” se promociona con glamour de narco, el problema no es que algunas mujeres elijan el hogar, sino que esa elección se presenta como ideal universal y simbólicamente poderosa.

Más aún: en Colombia existe una doble moral estética, se celebra la ostentación del “capo”, pero se condena a las víctimas del machismo. Se aplaude la imagen del hombre poderoso con mujeres espléndidas, pero se repudia la violencia sexual, el feminicidio o la desigualdad estructural. Esa contradicción estética-social permanece sin ser confrontada.

Además, estas influencers se benefician de derechos y libertades que muchas generaciones han conquistado: educación, salud, libertad económica, voz pública. Ellas promueven una estética de sumisión que ignora que muchas mujeres no tienen siquiera acceso al estudio, al empleo digno o a la protección frente a la violencia. No hay mérito en promover sumisión cuando se disfruta de opciones de libertad que otras no tuvieron.

Esta nueva cara del conservadurismo juvenil vestida con estética brillante no es solo un fenómeno de moda: es un espejo social que revela ansiedades, contradicciones y resistencias culturales. En Colombia, donde los símbolos del poder han llegado muchas veces por vías violentas, este retorno estético merece ser mirado con lupa. No solo para criticar, sino para entender: no todo lo que brilla es emancipación.

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