El 4 de septiembre de 2025, Giorgio Armani falleció tranquilamente en su hogar en Milán, rodeado de seres queridos. Con 91 años, se despide uno de los gigantes más influyentes de la moda contemporánea, cuya visión transformó la estética de décadas sin ceder su identidad personal ni sucumbir a las presiones del mercado global.
Nacido el 11 de julio de 1934 en Piacenza (Italia), Armani inicialmente estudió medicina antes de descubrir, a través del escaparatismo en Milán, su verdadero llamado: la moda. Su carrera despegó aceleradamente desde su paso por Cerruti 1881 hasta fundar su propia marca en 1975 junto a Sergio Galeotti, quien fue vital en los inicios de su casa de moda.
Desde finales de los setenta, revolucionó el estilo prêt-à-porter con cortes relacionales, sin estructura rígida, que redefinieron la elegancia masculina y femenina. El papel de su diseño en American Gigolo (1980), en la icónica chaqueta sin forro, lo catapultó a la fama internacional. Hoy, sus power suits siguen siendo sinónimo de autoridad y sofisticación.
Expansión, disciplina y liderazgo
Armani no solo diseñó moda: construyó un imperio sólido, controlado celosamente por él como propietario único. Su marca comprendía pasarelas, perfumes, hoteles, restaurantes, mobiliario, clubes deportivos —incluido el equipo de baloncesto Olympia Milano— y más. Su estatus lo convirtió en una de las figuras más ricas de Italia, con un patrimonio valorado en más de 12 mil millones de dólares.
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Armani fue pionero en aspectos que ahora valoramos profundamente: en 2007, fue el primer diseñador en prohibir modelos con índice de masa corporal inferior a 18, como respuesta a una tragedia frente al público. También tomó la delantera en transmitir su desfile Privé por Internet, el primero de alta costura en 2007. En el terreno ambiental, en 2011 apoyó iniciativas como el Green Carpet Challenge.
Además, durante la pandemia de COVID-19, reconvirtió parte de su producción para fabricar batas médicas y donó cuantiosas sumas a hospitales italianos.
Críticas y controversias: entre imagen y realidad
No obstante, su reputación ética ha sido objeto de escrutinio. En 2024–2025, diversas investigaciones revelaron condiciones laborales precarias entre talleres chinos subcontratados en Italia, donde los empleados trabajaban jornadas extenuantes por salarios extremadamente bajos en condiciones insalubres. Le Monde .fr Business & Human Rights Resource Centre. Como resultado, su grupo fue multado con 3,5 millones de euros por prácticas comerciales injustas y declaraciones éticas engañosas frente a consumidores.
Además, en el pasado fue criticado por comentarios desafortunados, como comparar tendencias de moda con “violaciones”, lo que generó acusaciones de trivialización de la violencia sexual The Guardian. También se cuestionaron donaciones vinculadas a exhibiciones culturales, como la del Guggenheim en 1999, y disputas legales internas, como una demanda por discriminación laboral en EE.UU. Greenpeace también lo criticó en 2013 por el uso de químicos tóxicos en prendas infantiles, aunque Armani se comprometió a eliminar éstos de su cadena productiva.
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Armani representa la dualidad de muchos grandes líderes creativos: su talento fue indiscutible y su visión estética dejó huella; pero su marca también enfrentó serios desafíos éticos compatibles con la expansión global y la cadena de suministro. Es esa misma tensión —entre grandeza y responsabilidad— la que invita a una reflexión profunda hoy.
Nos enfrenta a preguntas vigentes: ¿cómo equilibrar la excelencia creativa con la justicia laboral? ¿Puede el minimalismo estético coexistir con una producción compleja y global sin perder de vista el valor humano? Armani, al trabajar hasta sus últimos días y reconocer públicamente su “único arrepentimiento” —haber dedicado más tiempo al trabajo que a seres cercanos— nos recuerda que en el centro de cualquier legado verdadero están las relaciones humanas.
Hoy, mientras cerramos este capítulo, queda claro que su legado no es ni blanco ni negro, sino lleno de matices: la elegancia hecha filosofía, el poder del diseño que inspira, y los límites éticos que aún estamos aprendiendo a reconocer y respetar.