El Índice del Tacón Alto: cuando los tacones suben y la economía baja

El High Heel Index es una teoría sorprendente pero reveladora: cuando la economía entra en crisis, la altura de los tacones aumenta. Fue formulada por Trevor Davis, experto en productos de consumo de IBM Global Business Services, quien explica que en desaceleraciones económicas los tacones suben y se mantienen elevados como una forma de fantasía y escape psicológico. La lógica es sencilla: ante el malestar social, muchas consumidoras recurren al glamour extremo como vehículo de liberación emocional.

En la Crisis Financiera de 2008, marcada por la caída de Lehman Brothers y la crisis hipotecaria, las ventas de stilettos extremos (12 cm o más) alcanzaron récord. Marcas como Christian Louboutin registraron picos de ventas sin precedentes. Se dice que el modelo Lita platform boot vendió en más de 160 estilos distintos en ese periodo. Era un fenómeno que mezclaba ostentación y deseo de reconstrucción emocional: al caer el mercado, el glamour subía literal y simbólicamente.

Durante la pandemia de COVID‑19 (2020‑2021), se observó una curva paradójica. En el confinamiento, las consumidoras optaron por tacones bajos o flats debido al trabajo remoto. Pero en 2021, con la reapertura, emergió el fenómeno del “revenge dressing”, donde las mujeres usaron tacones altos de nuevo como afirmación de libertad y retorno a la vida social. Según Lyst, las búsquedas en línea de tacones aumentaron un 197%, y las de vestidos un 176%. Fue un desahogo estético post-encierro: reconstruirse a través del show y del escote de un tacón.

Datos cuantitativos respaldan ese patrón histórico: un estudio sobre editoriales de Vogue US entre 1950 y 2014, basado en 1.581 muestras, concluyó que existe correlación estadística entre el desempleo y la altura del tacón con un rezago de hasta tres años. En otras palabras: cuando el desempleo sube, el pie se eleva. El tacón no predice la crisis, pero la sigue visualmente.

Foto: nordstrom.com

En 2024‑2025 emergen plataformas, tacones chunky y zapatillas de tacón bajo entre las principales tendencias. Mientras tanto, análisis de tiendas como John Lewis reportan que los tacones con altura entre 6 a 7 cm — ni altos ni planos — dominan las ventas. Esa tendencia sugiere una búsqueda de estabilidad estética: tacones que dan altura, pero que no rompen la comodidad ni la tensión emocional. Son tacones seguros para tiempos inciertos: firmes, no extremos; más balance que ostentación.

Aspectos poco explorados y sesgos del índice

Primero, el High Heel Index incorpora una notable dosis de sesgo de género: asume que las mujeres son quienes reaccionan estéticamente a la economía y que, a través de sus tacones, traducen el ánimo financiero. Pero hasta qué punto estas elecciones son individuales o condicionadas socialmente exige análisis feminista. El tacón alto ha sido también símbolo de imposición de estándares femeninos de belleza, movilidad reducida y roles laborales excluyentes.

Segundo, está el sesgo cultural y de clase: el índice se elabora sobre editoriales y datos de consumo mainstream. No capta otras realidades de género: mujeres trans, cuerpos no normativos o estilos alternativos que no usan tacón como símbolo. Además, representa principalmente un consumo occidental de lujo y no incluye prácticas estéticas de otras culturas cuya relación con el tacón no sigue ese patrón de crisis-glamour.

Tercero, existe un vacío conceptual en no cuestionar el privilegio que permite comprar tacones altos: mientras la economía cae, algunas personas recurren al gasto “reprimido”, pero muchas otras viven la austeridad real y la pérdida. El tacón alto no es democratización estética: es una reacción de quienes aún tienen acceso.

Finalmente, vincular tacones con economía sin abordar su implicación física y emocional implica ignorar que para muchas mujeres, estos zapatos representan sacrificio corporal, incomodidad e incluso violencia estética. El glamour del tacón puede ser liberador para algunos, pero opresivo para otras.

¿Qué nos dice el “índice del tacón alto” hoy y qué puede incomodar?

Esta teoría resulta fascinante cuando miramos la moda como síntoma emocional. Entre 2008 y 2010 vimos altas plataformas; en 2021, el regreso del tacón tras la pandemia. Y hoy, 2025, las plataformas gruesas dominan una moda que valora seguridad, altura prudente y comodidad. Todo apunta a que la confianza global está pendiente: no hay fiesta, hay precaución.

Foto: nordstrom.com

¿Cómo interpretarlo? Primero, que el tacón es menos un accesorio y más un indicador social. Elevar el tacón es elevar el ánimo, aunque sea una fantasía temporal. Segundo, que la moda puede ser respuesta social, no solo estética. La altura del tacón se convierte en código visual del humor colectivo.

Pero también nos incomoda: porque el índice ignora voces que no usan tacón, que no participan del sistema de consumo, que rechazan la imposición corporal del glamour. Es una teoría que funciona si se acepta su sesgo: historia femenina posmoderna de inestabilidad emocional, sin demasiado espacio para pluralidades corporales o precarias.

No obstante, esta perspectiva abre puertas para repensar: ¿podríamos tener un “índice del zapato cómodo” como contrapunto? ¿Una narrativa que valore planos, zapatillas y sobriedad frente al brillo ansioso? Si el tacón alto es señal de crisis emocional, tal vez el zapato bajo sea propuesta de forma.

El High Heel Index nos recuerda que la moda no es frivolidad: es psicología social, economía aplicada, una forma de resistencia o de escape. Que los tacones suban no habla solo de extravagancia: habla de búsqueda de altura cuando todo parece bajo. Pero también señala preguntas: ¿a quién pertenece el glamour en tiempos de crisis? ¿Quién puede usarlo y quién no?

Tacones altos no predicen recesiones, pero sí las expresan con altura ostentosa. Son símbolo de deseo de elevación cuando el piso tiembla. Y aunque esa elevación pueda ser performativa, nos evidencia cómo la moda se convierte, muchas veces, en verbo emocional colectivo.

Vestir tacones en tiempos difíciles puede sentirse como una declaración: deseo de volver a la vida, de elevar el espíritu. Pero no olvidemos: esa declaración excluye si no incluye cuerpo diverso, comodidad real y propósito crítico. Porque si la moda es lenguaje, el tacón alto puede ser verso… o grito. Solo depende de quién lo use y por qué.

6 comentarios en “El Índice del Tacón Alto: cuando los tacones suben y la economía baja”

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