Colombiamoda en decadencia: lo mejor, lo peor y cómo la moda cayó en la trampa algorítmica

Colombiamoda 2025 prometía reinventarse: 60.000 asistentes de 50 países, una derrama económica récord de USD 17,7 millones y pasarelas que invadieron Medellín desde Plaza Mayor hasta Parques del Río y Plaza Botero. Pero detrás del boato (de la ostentación), emergieron contradicciones: desfiles brillaron por técnica, pero se quedaron cortos en narrativa, cápsulas repetitivas y una atmósfera de moda algorítmica donde todo suena igual, se repite y caduca al instante.

¿Las pasarelas se esforzaron?

1. Pasarela Agua Bendita / Agua by Agua Bendita

Lo mejor: desfile inaugural en Plaza Botero que celebró raíces paisas y visuales exuberantes. Una apuesta fuerte por el tono local y artesanal.

Lo peor: estética turística sin crítica; un mar de bikinis bien iluminados, pero carentes de reflexión sobre sostenibilidad o crítica social.

Lo feo: la entrada fue elitista, pese a ser una plaza solo pasabas si tenias invitación. Lo que envía el mensaje de : “restringido a un público fashionista”, como si ser de la crema innata de la moda te hiciera tener una visión clara y moderna de lo que es la moda, cuando se sabe que varios de los asistentes desconocen del tema y solo están allá por tener muchos seguidores y vender un “estilo autentico” que de rupturista no tiene nada.

Elitismo: la marca sigue apostando al lujo hegemónico, con precios inaccesibles para el mercado nacional. Cruzado por diseños principalmente hechos para cuerpos hegemónicos.

Contradicción: celebra lo local mientras exporta una narrativa globalizada que elimina tensión política o cultural.

2. Pasarela Franklin Ramos – Piscis

Lo mejor: técnica impecable en patronaje y propuesta experimental urbana en Parques del Río.

Lo peor: estética inspirada en tendencias globales tipo ‘glitch art’ (que como explicación corta, se refiere, en inglés, a un fallo o mal funcionamiento, y en el contexto artístico, se utiliza para describir un estilo visual que explota estos errores digitales o analógicos con fines estéticos) más que en el contexto local.

Inspiración y costos: se dice que la colección bebe de paisajes digitales urbanos, telas técnicas importadas. Aunque no hay cifras públicas, el costo estimado supera los cientos de millones COP. Equipo numeroso de modistas y ateliers, aunque invisibles en el discurso de la pasarela.

Contradicción: buen acabado técnico, poca potencia narrativa o simbólica. Diseño para la vista, para maravillar los ojos, no para el pensamiento, no para cuestionar.

3. La Petite Mort – Alirio: Temporada de Sol

Lo mejor: colores tierra y amarillos fuertes, evocando el sol tropical. Una propuesta estética limpia y armoniosa.

Lo peor: falta de discurso sobre quién hace la prenda. No se mencionan talleres, productores ni sostenibilidad.

Elitismo: cápsula de alto costo, estética aspiracional blanca.

Contradicción: inspiran sol, clima y región tropical, pero la producción parece desconectada del territorio social. No hay historia de artesanía ni autoría colectiva.

4. Non Stop / Saudade de Vóce x Mayorga

Lo mejor: colaboración entre marca y diseñador pastelero (textil), con influencia de orfebrería y trauma textil. Hubo puntos altos de experimentación.

Lo peor: pocas piezas usables; fue más instalación que moda útil, volvemos al dilema de si solo sirve para la foto y la pasarela o se puede llevar en el diario.

Contradicción: estética visual poderosa, pero colecciones cápsula que no dialogan con el mercado real ni el cuerpo diverso.

5. Ricardo Pava – “Nuda Vida” en Bogotá Fashion Week 

Debo dejar claro que aunque no fue en Colombiamoda sino en el Fashion Week de Bogotá su polémica repercutió en toda la moda nacional: fue colección inspirada en la tragedia de los migrantes del Darién. Por lo anterior se le acusó de explotación estética. De hecho, la paleta de colores fue basada en foto protegida por derechos de autor, además de tener símbolos sensibles sin diálogo con las comunidades afectadas.

Lo anterior demuestra que el mensaje por si solo no dice nada, requiere de carga narrativa y de visualización genuina del problema en cuestión.

Lo mejor: intención de teatralizar una realidad dolorosa.

Lo peor: ética cuestionable: apropiación visual sin crédito ni contexto.

Contradicción: denuncia social convertida en mercancía visual de moda. Se quedó corto en ética; brilló en shock.

¿Por qué el ambiente de moda en Colombia se está quedando corto?

Influencers y algoritmos: un loop de repetición

La mayoría de influencers asistentes repetían las mismas canciones, cortes y filtros preestablecidos. No crean discurso: replican contenido viral. Ese ciclo genera moños iguales, poses iguales, playlists iguales. El estilo desaparece en favor del “trend feed”. Nos demuestran que su mensaje es vacío y superficial y que a la larga lo que importa es tener la prenda en tendencia. ¿Qué pasó con lo sostenible?, ¿se les olvida cuando es un frashion?

Vacíos inmensos en las cápsulas

Muchas marcas repitieron referencias globales (90s, streetwear, reguetón), pero sin autoría local: el resultado fue un desfile homogéneo que olvidó narraciones regionales, artesanales o críticas. Ropas sin historia no generan memoria social. Y eso está claro porque ninguna de las capsulas fue lo suficientemente crítica como para robarse los titulares, más allá de exaltar la cantidad de ventas que se tuvieron.

Una feria sin contradicción ni tensión

Con tal de no incomodar, Colombiamoda 2025 omitió voces incómodas: minorías rurales, cuerpos no normativos, propuestas activistas. Se exhibieron “soluciones sostenibles” sin discutir desigualdad, salario justo o producción textil y sus condiciones laborales.

Tendencias algorítmicas como guion invisible

Colombiamoda 2025 pareció seguir lo que Instagram decide que está de moda: por eso todo se siente igual. No hay disrupción estética ni riesgo narrativo: solo cápsulas predecibles, piezas viralizables y startups de moda digital reciclando referencias globales y demostrando “porque son mejores que las otras marcas” que hacen exactamente lo mismo. Muy parecido a lo ocurrido en en la Bogotá Fashion Week 2025, lo que denota una falta de conciencia social y de clase entre los organizadores y marcas asistentes, porque aunque muchas capsulas sean para clase media alta, el evento es, en teoría, para personas de todas las clase, pero parece negar una pequeña verdad y es que según el DANE (Departamento Nacional de Estadística) en Colombia para el 2023 el 33% eran personas en pobreza monetaria, el 31,5% vulnerables, el 32,4% clase media y solo el 3,1% clase alta. ¿A quién le están vendiendo?

¿Cuál es la salida de ese círculo de tendencias vacías?

1. Narrativa local y colectiva

Trabajar con artesanas, talleres regionales, saberes indígenas. Publicar no solo nombres de marcas, sino historias de cada mano que hizo la prenda. Eso va más allá de nombrarlos brevemente en el titulo, requiere que de verdad hagan parte del proceso creativo y no solo inspiracional.

2. Diversidad real y visible

Inclusión de tallas diversas, cuerpos trans, rostros afro e indígenas en pasarela y dirección creativa. Estilo que nombre lo diverso y lo celebre sin exotismos.

3. Curaduría estética crítica

Crear cápsulas con discursos intencionales: diseño como comentario social, no solo estética neutra. La moda debe ser argumento, no solo ambientación. De nuevo, no es solo ropa.

4. Limitar la hegemonía influencer

Invitar voces que generen pensamiento, no solo impacto visual. Reducir el peso del algoritmo artístico y privilegiar la asistencia de quienes analizan, interpretan y cuestionan.

5. Ética creativa como requisito

Inspirarse en realidades sociales exige diálogo con comunidades afectadas, atribución y respeto. No es inspiración si no hay consentimiento ni reconocimiento real.

Como conclusión, encuentro que Colombiamoda 2025 demostró músculo económico e impacto global, pero repitió errores estructurales: falta de narrativa crítica, elitismo recurrente, tendencia sin propósito. Las pasarelas fueron bellas, pero silenciosas; cautivadoras, pero superficiales. La feria sigue siendo un espectáculo, no un espacio de pensamiento estético ni político.

Colombiamoda podría ser otra cosa: un ecosistema donde la moda se haga desde la memoria, la resistencia, la ética y la crítica. Un lugar donde entre la pasarela y el feed se construyan preguntas, que haya cuerpos diversos y contraste narrativo.

Estoy convencida de que la moda colombiana tiene potencial para emerger con identidad y conciencia. Pero primero debe dejar de temer a su propia historia, dejar de seguir al algoritmo y empezar a vestir desde adentro, sin miedo a generar tensión o incomodidad. Ese es el camino para que esta industria no solo se vea bien, sino que tenga algo que decir.

1 comentario en “Colombiamoda en decadencia: lo mejor, lo peor y cómo la moda cayó en la trampa algorítmica”

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