En la narrativa de la moda sostenible, el poliéster reciclado se ha convertido en símbolo de responsabilidad y compromiso ambiental. Se presenta como una solución circular que transforma residuos en prendas y promueve un consumo “consciente”. Sin embargo, tras esta etiqueta verde, se esconde una de las paradojas más graves de la industria textil contemporánea: un producto vendido como solución que, en realidad, alimenta el mismo sistema que promete combatir.
El poliéster reciclado (rPET), mayoritariamente fabricado a partir de botellas plásticas PET, tiene características que desmienten su halo sostenible:
- Duración de hasta 30 años sin degradarse, igual que el poliéster virgen (Environmental Sciences Europe, 2021).
- Liberación de hasta 700.000 microfibras por lavado, contaminando ríos y océanos (Pirc et al., 2016).
- Solo 2-3 ciclos de reciclaje posibles, antes de volverse inservible (Textile Exchange, 2023).
Y sin embargo, la industria lo promueve como la gran solución. ¿Por qué? Porque ahí entra el greenwashing.
El greenwashing textil: sostenibilidad de escaparate, impacto real mínimo
El greenwashing es la práctica de presentar productos o prácticas como sostenibles sin que lo sean en profundidad o de manera significativa. En el caso del poliéster reciclado, se ha convertido en la estrategia perfecta para lavar la imagen de marcas que siguen basando su modelo de negocio en la sobreproducción, la obsolescencia programada y la lógica del fast fashion.
Frases como “hecho con botellas recicladas” o “tejidos responsables” aparecen en etiquetas y campañas, mientras las mismas empresas lanzan nuevas colecciones cada 15 días, fomentando el consumo masivo y desechable.
Lo que pocas marcas dicen es que:
- El reciclaje textil no es circular. La mayoría de las prendas no se reciclan tras su uso.
- El PET desviado al textil afecta a la cadena de reciclaje de envases, que sí es más sostenible y funcional (WRAP UK, 2023).
- La falta de infraestructura para el reciclaje textil hace que esas prendas terminen, en su mayoría, en vertederos o incineradoras.
El greenwashing no solo engaña al consumidor, sino que desactiva la presión social hacia un cambio real, alimentando la falsa idea de que comprando “reciclado” ya estamos siendo responsables.

El desafío real: desmontar la ilusión del consumo verde
La solución no pasa por seguir produciendo ropa con residuos. Pasa por:
- Reducir drásticamente la producción y el consumo.
- Apostar por modelos de negocio basados en la durabilidad, la reparación y el rediseño.
- Desarrollar tecnologías de reciclaje químico capaces de crear poliéster circular real.
- Aplicar transparencia radical en las cadenas de producción.
El poliéster reciclado puede ser un paso parcial, pero nunca será suficiente si seguimos utilizando la misma lógica de consumo desechable. Mientras las marcas sigan invirtiendo más en marketing verde que en cambiar sus estructuras, la sostenibilidad seguirá siendo un adorno más de la industria.
En conclusión, el poliéster reciclado no es la solución mágica que la industria quiere venderte. Es, en gran medida, un símbolo de cómo el greenwashing manipula el discurso de la sostenibilidad para seguir manteniendo un modelo insostenible.
Lo que la moda necesita no es otro material milagroso, sino un cambio radical en la manera en que producimos, consumimos y pensamos la ropa. Y mientras las marcas no se responsabilicen —y nosotros tampoco— seguiremos vistiendo promesas vacías mientras el planeta paga la factura.