La evolución de la lencería en los últimos años evidencia una batalla simbólica: de un lado, la antigua supremacía de Victoria’s Secret, con su fantasía sexualizada y elitista; del otro, el surgimiento disruptivo de Savage X Fenty, la marca de Rihanna que ha marcado un antes y un después en la inclusión.
Durante décadas, Victoria’s Secret dominó con un ideal hegemónico: cuerpos delgados, blancos, jóvenes, reproducidos bajo la mirada masculina. Las icónicas “Angels”—modelos seleccionadas y estilizadas—eran el símbolo de un estándar inalcanzable y consistente con una “fantasía” construida por hombres, para hombres. Un manifiesto de exclusividad.
Las controversias no tardaron: acusaciones de racismo, transfobia (como al negarse inicialmente a detallar rostros trans en pasarela) y sexualización obsesiva acabaron erosionando su reputación . El icónico desfile anual fue cancelado en 2019 por pérdidas de audiencia y críticas crecientes .

Savage X Fenty: la nueva norma
Desde su lanzamiento en 2018, Savage X Fenty ha ido más allá de la inclusión para convertirla en su identidad. Con tallas que van desde XS hasta 4XL, cuerpos diversos—incluyendo mujeres embarazadas, trans, de diferentes etnias y tallas—la marca desafió el status quo de forma radical.
Los desfiles en NYFW (New York Fashion Week) se convirtieron en eventos culturales: escenografía llamativa, música, performance y una representación real y celebrada de la diversidad. Se pasó de un espectáculo de fantasía limitada a una celebración auténtica, intergeneracional y multicultural.
Comparativa directa
Savage X Fenty no solo rompió con el elitismo; lo redefinió. Transformó la industria al demostrar que la belleza está en la diversidad real y no en un mito del glamour. Su éxito económico y cultural ha obligado a marcas tradicionales a tomar medidas tardías —como formar el VS Collective y rehacer sus campañas Victoria’s Secret intentó reaccionar, pero sus cambios se han sentido tardíos, reactivos y en ocasiones percibidos como “incluso falsos”.. Hasta que Savage probó lo contrario: la autenticidad vende, la representación importa y el elitismo excluye.