Anna Wintour: la editora que cambió la moda para siempre

Anna Wintour, editora en jefe de Vogue desde 1988 y directora artística de Condé Nast desde 2013, se retira tras más de 35 años en el trono de la moda. No se trata solo de un cambio de liderazgo: su salida marca el cierre de una etapa en la que una sola persona podía definir el gusto global. Es la despedida de una figura que, para bien o para mal, convirtió una revista en un instrumento de poder cultural sin precedentes.

Wintour llevó Vogue más allá de sus páginas: la transformó en una plataforma multimedia que fusionó moda, política, entretenimiento y poder económico. Su visión impulsó la creación del Met Gala como el evento social más influyente del mundo, donde la lista de invitados, las donaciones y los vestidos se convirtieron en herramientas de soft power. Convirtió a Vogue en un puente entre diseñadores y grandes marcas de lujo, pero también entre celebridades y causas que necesitaban visibilidad.

Ese es su mayor legado: una capacidad única para construir narrativas que hacían de la moda algo relevante para audiencias que antes la consideraban frívola. Bajo su dirección, la revista se convirtió en un reflejo de la cultura pop y en un catalizador para el debate sobre el feminismo, la política y el poder. Quién aparecía en la portada —y cómo— decía tanto como cualquier editorial de opinión.

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Sin embargo, Wintour también perpetuó un estándar de belleza restringido: mujeres extremadamente delgadas, mayoritariamente blancas, con edades y cuerpos que raramente escapaban del ideal eurocéntrico. Si bien en los últimos años Vogue intentó incorporar más diversidad, esas iniciativas llegaron tarde y se sintieron más reactivas que disruptivas, como admiten voces críticas como Vanessa Friedman o Tansy Hoskins. En su era, la representación se negoció como una excepción, no como una norma.

Su estilo de liderazgo, duro e implacable, generó innovaciones innegables, pero también alimentó una cultura laboral de miedo: múltiples extrabajadores describieron un ambiente tóxico donde la exigencia rozaba el abuso emocional. En un mundo que exige mayor empatía y flexibilidad, la figura de la “editora tirana” quedó obsoleta.

Anna Wintour deja una industria que ya no necesita oráculos unipersonales: hoy el poder se fragmenta en redes sociales, influencers, diseñadores emergentes y medios digitales que desafían la centralización del gusto. Pero también deja un vacío difícil de llenar: su habilidad para convertir la moda en un tema de conversación global no la tiene nadie más. Su legado es incómodo, brillante, contradictorio: nos enseñó a ver la moda como un lenguaje de poder, pero también mantuvo cerradas demasiadas puertas. Ahora, el desafío es si Vogue puede reinventarse sin el aura imperial que Wintour construyó y responder a una generación que ya no se conforma con ver diversidad en portadas, sino que exige inclusión real en cada parte del proceso creativo.

3 comentarios en “Anna Wintour: la editora que cambió la moda para siempre”

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