La moda nos viste, sí. Pero sobre todo, la moda nos dice quién merece ser visto. No hablamos únicamente de prendas, sino de un lenguaje simbólico que durante siglos ha determinado qué cuerpos son legítimos, qué pieles son aspiracionales y qué tallas son aceptables. Hoy, mientras la industria se abraza con fuerza al discurso de la inclusión, es crucial preguntarnos: ¿estamos presenciando un cambio real o solo estamos viendo la misma estructura con un maquillaje diverso?
Desde la academia y los estudios culturales, la conversación sobre los cuerpos en la moda es mucho más profunda que lo que las pasarelas o las campañas nos quieren vender. No basta con colocar modelos “no hegemónicas” en la portada de una revista si seguimos reproduciendo sistemas de exclusión más sutiles pero igual de violentos.
La tiranía de la diversidad “estética”
La investigadora británica Angela McRobbie ya lo anticipaba en sus estudios sobre cultura visual: las industrias creativas son expertas en capturar las luchas sociales y convertirlas en mercancía. Es lo que hoy conocemos como comodificación de la diversidad.
Las marcas pueden poner en sus vitrinas cuerpos racializados, gordos o con discapacidades, pero mientras esas imágenes siguen respondiendo a un estándar de belleza digerible —piel impecable, proporcionalidad, juventud— seguimos hablando de cuerpos vigilados, no realmente liberados.
La académica Heather Widdows, en su libro Perfect Me: Beauty as an Ethical Ideal, advierte que las nuevas formas de diversidad pueden reforzar, sin querer, un ideal aún más demandante: no basta con ser “diverso”, ahora también debes ser bello dentro de esa diversidad. ¿Qué tan incluyente es una industria que solo te acepta si cumples con este nuevo estándar?

El cuerpo como campo de batalla simbólico
El problema no está solo en la representación. Está en los discursos que legitiman o expulsan a ciertos cuerpos. La teórica Susan Bordo lo explica con claridad: nuestros cuerpos son espacios donde se inscriben las normas culturales. Cuando la moda selecciona qué cuerpos mostrar, está diciendo cuáles merecen existir en el espacio público.
Por eso, incluir no es solo mostrar. Es permitir que esos cuerpos habiten la industria con autonomía, que sus necesidades estén presentes en las tallas, en las pasarelas, en los precios, en los diseños, no solo en los anuncios de temporada.
Inclusión sin transformación estructural es marketing
Los estudios de la socióloga Janice Williamson sobre representación indican que el tokenismo (la inclusión simbólica sin transformación real) no solo es superficial, también es peligrosa porque anestesia la crítica social. Cuando vemos a una modelo trans o a una persona gorda en una campaña, sentimos que ya “estamos avanzando”, pero en muchos casos es solo una narrativa vacía que no se traduce en políticas de accesibilidad, tallaje extendido o condiciones laborales dignas para todas las corporalidades.
La filósofa Judith Butler, a través de la teoría performativa del género, nos recuerda que las identidades no son fijas ni naturales, son construidas y validadas en los escenarios sociales. La moda es uno de esos escenarios. Si las marcas solo validan ciertas expresiones de diversidad, están moldeando qué identidades son legítimas y cuáles siguen siendo marginales.
¿Quiénes quedan por fuera?
Mientras las grandes firmas celebran sus campañas “inclusivas”, siguen ausentes los cuerpos envejecidos, las corporalidades que se salen de la proporcionalidad aceptada, las personas racializadas que no encajan en el arquetipo del exotismo fotogénico, las personas con discapacidad que necesitan más que un espacio en la pasarela: necesitan diseños funcionales, tiendas accesibles, respeto por su autonomía estética.
La diversidad de verdad incomoda, interrumpe, tensiona.
Cuando la inclusión no incomoda, probablemente sea marketing.

¿Cómo responder desde el consumo crítico?
Desde la academia, desde la calle, desde el espejo: tenemos la responsabilidad de interrogar los discursos que la moda nos impone, de ir más allá de la campaña viral y preguntarnos qué cuerpos se siguen quedando por fuera y por qué.
Como consumidores, podemos empezar por exigir más:
- ¿Las tallas grandes están en tienda física o solo online?
- ¿La inclusión es permanente o solo aparece en el mes del orgullo?
- ¿Las personas con discapacidad pueden acceder a la ropa sin barreras físicas ni económicas?
- ¿Los precios son justos para todas las tallas?
La moda tiene el poder de construir discursos, pero también de derribarlos. No compremos el cuento sin leer entre líneas.
Fuentes:
- McRobbie, Angela. Be Creative: Making a Living in the New Culture Industries. (2016)
- Widdows, Heather. Perfect Me: Beauty as an Ethical Ideal. (2018)
- Bordo, Susan. Unbearable Weight: Feminism, Western Culture, and the Body. (1993)
- Butler, Judith. Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity. (1990)
- Williamson, Janice. Selling Diversity: Advertising, Multiculturalism, and the New Racism. (2006)
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