En los últimos años, la industria de la moda ha comenzado a mostrarse, al menos superficialmente, más “abierta” y “diversa”. Las pasarelas, las campañas publicitarias y las redes sociales ahora parecen celebrar cuerpos no normativos, modelos racializados, personas con discapacidad, adultos mayores y una gama más amplia de identidades de género. ¿Pero esta visibilidad es sinónimo de inclusión real?
El concepto de moda incluyente ha ganado protagonismo en medio de los movimientos sociales como el body positive, la lucha por los derechos LGBTIQ+, el feminismo interseccional y la creciente presión de los consumidores conscientes. Las marcas, conscientes de este cambio cultural, han empezado a utilizar un lenguaje más inclusivo y a incorporar imágenes diversas. Sin embargo, la pregunta que incomoda persiste: ¿Estamos ante un cambio estructural o simplemente frente a un nuevo disfraz del marketing?

Desde las marcas: ¿Cambio real o maquillaje publicitario?
Marcas como Savage x Fenty, liderada por Rihanna, han sido aplaudidas por integrar cuerpos diversos no solo en sus campañas sino también en sus tallajes, patrones y desfiles. La marca ofrece una amplia variedad de tallas (desde XS hasta 4X) y diseña para diferentes tonos de piel y tipos de cuerpo, lo que demuestra un compromiso real con la accesibilidad estética y cultural.
En contraste, cadenas como H&M han lanzado campañas visuales con modelos plus size y racializados, pero su oferta de tallas sigue siendo limitada en muchas tiendas físicas. Además, las tallas grandes suelen estar disponibles solo e
Un informe de The Business of Fashion (BoF) en 2022 señaló que, aunque el 68% de las campañas de moda analizadas presentaban diversidad visible, solo el 19% de las marcas ofrecían tallajes inclusivos de manera consistente en todas sus tiendas. Esto evidencia una brecha entre la representación superficial y la inclusión estructural.
Desde los consumidores: La paradoja del acceso
Los consumidores han empezado a exigir más que imágenes bonitas. Hoy, las preguntas claves son: ¿la ropa está disponible en mi talla? ¿puedo encontrarla en la tienda física? ¿puedo pagarla? La inclusión no solo es corporal, también es económica y logística.
Muchas marcas promueven mensajes de “inclusión para todos” mientras sus precios son inaccesibles para las poblaciones que dicen querer incluir. Aquí, la exclusión económica se convierte en una barrera silenciosa.
Un estudio de McKinsey & Company (2023) reveló que el 60% de los consumidores jóvenes espera que las marcas actúen de forma coherente con sus mensajes de inclusión, y no solo lo usen como estrategia comercial.
Desde los activistas y colectivos: Críticas al tokenismo
El tokenismo (incluir una persona diversa solo para aparentar inclusión) es una de las prácticas más criticadas por activistas de la moda incluyente. Las campañas que utilizan modelos plus size o racializados de forma aislada, sin cambiar sus estructuras ni su cultura corporativa, son vistas como inclusión superficial.

Colectivos como The Fashion Spot han denunciado que muchas marcas aún colocan a modelos con discapacidad, tallas grandes o pieles racializadas solo en campañas estacionales o de marketing dirigido, pero no las integran de manera transversal en catálogos, tiendas ni pasarelas permanentes.
El verdadero compromiso, afirman estos colectivos, está en cambiar los sistemas de diseño, las políticas de contratación, el lenguaje interno y la logística de producción, no solo la imagen.
Desde la industria tradicional: Resistencia y adaptación
arte de la industria aún se resiste al cambio. Algunas casas de moda de lujo, por ejemplo, continúan defendiendo tallajes exclusivos y estéticas hiperdelgadas como un símbolo de aspiracionalidad. Esto refleja una visión elitista donde la inclusión es vista como “una amenaza a la tradición” o a la “pureza” del diseño.
Sin embargo, marcas emergentes como Chromat y Universal Standard están demostrando que es posible producir moda de alta calidad con tallajes amplios y diseños pensados desde la diversidad, rompiendo el mito de que la moda incluyente sacrifica la estética.
La inclusión es real cuando atraviesa todas las capas de la marca: desde el diseño, la producción, el acceso físico y económico, hasta la comunicación. No basta con campañas que celebren la diversidad si las estructuras siguen siendo excluyentes.
Cuando la moda incluyente se convierte en estrategia de mercado sin cambio estructural, lo que estamos presenciando es un maquillaje comercial, no una transformación social.
La moda, como lenguaje simbólico y cultural, tiene el poder de visibilizar o de excluir. Las marcas que entiendan esto no solo estarán respondiendo a una tendencia, sino a una deuda histórica.
Pregunta al lector:
¿Tú crees que las marcas están incluyendo de verdad o solo nos están vendiendo la idea de inclusión? Cuéntamelo en los comentarios.
Fuentes:
The Business of Fashion, “The Inclusion Gap in Fashion” (2022)
McKinsey & Company, “The State of Fashion 2023”
The Fashion Spot, Diversity Reports (2022-2023)
Entrevistas y datos públicos de Savage x Fenty, H&M, Chromat y Universal Standard.